Hola Mundo

22 octubre, 2011

“Hola mundo” es la primera linea que uno escribe cuando comienza a programar. Cuando me inicié en C, lo primero que hicimos en clase fue un magistral printf(“Hola Mundo”); y eso marcó el inicio de mi carrera como estudiante de informática.

Fue algo sumamente complicado de asumir, pero afortunadamente valió la pena haber dejado tantas cosas de lado por intentar perseguir un sueño, o al menos, hacer lo que a uno lo apasiona.

Ya es lejano ese marzo del 2009 donde volvía a mi casa, a -nuevamente- comenzar una carrera de estudios superiores. El poder de la retrospectiva me hace olvidar los horribles momentos de soledad que han pasado estos años, aún así, algo queda de ellos, pequeñas cicatrices de las vivencias.

Dicen que las cicatrices nos permiten saber de dónde venimos, y guiar el camino hacia donde vamos, y es verdad… pero llega un momento, en que al menos a mí, se vuelven casi una carga, donde estas ya no me guían, sino que me reprimen.

Soy neurótico. Mucho.

El pasado me atormenta mucho, y en el pasado pude haberlo hecho mucho mejor en casi todos los aspectos, pero ya no lo hice… y eso me trastorna.

Cuando escribí mi primer “Hola mundo” me estaba “condenando” a algo casi de por vida, una carrera ligada al mundo de la tecnología y computadores.

Me encanta. Sí, me gusta, por algo la elegí.

De momento no se quienes escucharán este llamado de Hola ni donde me llevará, lo que sí puedo decir es que al menos lo intenté.

La línea de la vida

4 diciembre, 2010

 

Nacer, crecer, estudiar, trabajar, retirarse, morir.

Esa es la línea de la vida en que todos fuimos inmersos, y cuando digo todos, sí, somos todos, ya que si estás leyendo esto, es porque recibiste al menos, una enseñanza básica.

¿Por qué tiene que ser asi esto? Ultimamente me ha rondado demasiado la cabeza la idea en que uno definitivamente no disfruta de su retiro plenamente, porque obviamente las capacidad y espíritu de un joven es distinto al de un anciano que se le notan sus años.

Siempre me he imaginado que lo más sano en la vida sería tener un periodo de libertad y libertinaje cuando jovenes, y luego, de adulto morir trabajando.

Morir sabiendo que hiciste todo lo que tu espiritu y locura de juventud te permitió, y que cada día de esos, fueron los mejores de tu larga vida ya.

Sinceramente yo pediria un crédito gigantesco y haria todas las cosas que me encantaría hacer, pero que no puedo, por el factor económico.

Si visitara todos los lugares y cumpliera todos mis sueños a esta edad, prometo que moriré feliz.

Debe ser la exaltación de mi espíritu joven que me pide y urge por aventura, por desacato, por locura. No quiero que nunca se apague, pero si alguna vez se llegara a apagar esta llama, me encantaría saber y decir, que dió la mejor luz que el mundo haya visto.

Hay que aprovechar la locura y el ímpetu de la juventud, no desecharla por ser muy liberal o alocada. A este mundo, le falta locura, le falta ese espíritu – o defecto – llamada “adolescencia”

Muerte

15 octubre, 2010

Ser humano, recuerde: todos morimos.

Siempre vale la pena tomarlo como inspiración, como un concepto. La gracia es que jamás sabremos cual será nuestro último día. Puede ser hoy, puede ser mañana, puede ser en 90 años más… pero existe una certeza: ese día llegará.

Procuremos que ese momento estemos en paz. Es lo que espero a diario.


Me encontraba yo en una carniceria. Nada extraño ocurria, como todo viernes, estaba esperando que terminaran todo para irme. Entró una señora con el típico atuendo de gitana: claro, lo era.

Muy seguido de esa señora, entró otra mujer (de más edad) con un atuendo similar. A los segundos me di cuenta que andaban separadas.

El carnicero que ya había atendido a la gitana, le dijo a la otra señora:

“¿Qué va a llevar paisana?”

La mujer ofendida y enfurecida respondió.

“¡Yo no soy paisana!”

Ahí me pregunté ¿Por qué tanto odio con esa nación? ¿Que resentimientos llevaron a la mujer a descalificar a la otra de una forma tan directa a través de su sentencia?

Quedé pensando…

Me acordé hasta de la Gitana María. Que buena lección que me dió esa mujer.

Recuento 2009

31 diciembre, 2009

Este 2009… ¿que más queda recordar? Cuando sea necesario uniré los puntos, por ahora, es muy temprano para sacar conclusiones, y restando importancia,  ya no soy tan soñador como para pensar que una mágica noche del 31 de Diciembre de un año dejará todo plantado lo que sucedió en los 364 días que lo precedieron.
Eso sí, aun me gusta marcar el hito. Es mi tradición.

Bienvenido 2010.

Losing My Religion

6 noviembre, 2009

La canción que acompaña esta entrada debe ser una de las canciones más lindas que existen. Mi historia con ella es bastante particular, debido a que en su momento de lanzamiento yo era muy chico, pero aun asi, algo recuerdo su particular tono y su melancolico sonar.

No fue hasta hace un par de meses hasta que me encontre con la cancion de golpe, un día, en el auto escuchando radio, esperando no se qué.

Losing My Religion es una expresión inglesa que se usa para referirse a “salirse de sus casillas o control”. El titulo aun asi no tiene mucho que ver con el sentimiento que me genera.

La letra sin duda no deja lugar a dudas, es una historia de perdida y meláncolia.

“I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try”

Esas tres lineas me matan… simplemente son lo mejor. No puede haber una canción más linda y precisa que esta.

Llevandolo a un lado más personal también es una forma de desahogo. No hay que perder calma frente a los problemas. Es lo más tentador y siempre incurro en eso. Es una condición del defecto llamado juventud.

Respira hondo, y ve como pasan las cosas. No exasperes, y siempre mantén la fe.

Debe ser a eso lo que se referian con Losing my Religion…

Fortaleza, lo único que busco. El resto llega por agregado.

La niña en la micro

16 agosto, 2009

Hoy fuí a Santiago a buscar uno de mis deseos más grandes desde que me acuerdo ser geek. Una consola Sega Dreamcast. La misma mítica y legendaria consola que fue lo último que SEGA vió nacer en materia de hardware. La misma que con sus 200 Mhz en 1998 revolucionaba el mercado.

Se pronosticó un temporal para el fin de semana, pero mi espíritu de aventura me incitó a ir. El camino fué largo, pero valió totalmente la pena.

Una de las pequeñas anécdotas de este expreso viaje fué la que me pasó de vuelta en la micro que me llevaba hasta Vespucio Norte.

Llovía como nunca, las micros totalmente mojadas y un kiosko de barrio servia como paradero improvisado. Pasó la micro y me subí de los últimos. Veo la corrida de asientos del fondo y estaban todos mojados. Una pareja que se habia subido antes que yo hablaba al lado mio. Ella sentada, y él parado. La niña (cuyos ojos verdes eran penetrantes) saca un pañuelo y seca el asiento posterior al de ella, claro: para su pololo. Yo miré eso una vez que terminó, pero para sorpresa, hizo lo mismo con el asiento del lado.

Seca el asiento con el mismo tierno gesto y luego me mira mientras le pega unas palmaditas al asiento recien seco, como diciendome: “¡Listo! Este es tuyo”. Su sonrisa sumado a mi incredulidad porque alguien en Santiago (y menos en las condiciones en que estaba el día) me brindarian una felicidad por algo tan vano, me dejó atónito.

Hace tiempo no veía una sonrisa tan franca y cálida. Lo más extraño es que fue de una perfecta desconocida.

Cuídala compadre. Creo que vale la pena.