Las noches de luna llena son particularmente extrañas. Las sombras reptan de distinta manera sobre cada superficie, atenuando sus bordes e incluso extendiendose más allá de sus límites usuales. Este momento de gloria para estos seres es un poco más delicado para quienes no gozamos de la dicha lumínica. Nuestra zona segura es amenazada. La noche tiene tintes de día. No nos cobijamos de la misma manera. La noche ya no es segura. Es solo una semana, una semana al mes. Luego la oscuridad cubrirá con su terca capa todo lo que alguna vez fue luz. Para eso estamos aquí, para correr en la noche. Nos reunimos con los pares y festinamos con el paso del tiempo. No nos afecta. Tenemos siete vidas.

Uno. A comer. Extasiado, primera vez.
Dos. A beber. La locura se desata al encontrar las experiencias pasadas en otras acciones.
Tres. Mesura. Vamos en la mitad, no lo desperdicies.

Solo cuatro más. Quizás exageraba con que no nos afecta, muy por el contrario, saber que existe más de alguna oportunidad le restó interés a todo. Podré hacerlo de nuevo.

La sexta será la última. Lo juro.

Siete. Explosión. La que más he disfrutado.

Lluvia

9 julio, 2015

Lluvia, como dagas en tu mejilla.
La tierra las abraza, con cariño, con anhelo.
Trozos nos alimentan, nos nutren; las digerimos sin darnos cuenta.
Silentes.
Somos todos iguales. Nos mata.
Lluvia: aléjate.

ltr

Luz

4 enero, 2015

Dos siluetas se alejan en la fría noche.

Aún es invierno, pero la promesa de la primavera está a un par de días de distancia. No importa. Nada importa.

Taciturno quedo de momento. Me sobrepasa. No puedo siquiera elevar la voz. Quizás sea lo mejor.

Con cada paso te convertías más en una sombra. Las sombras no hablan. Las sombras no piensan. Solo están ahí presentes para recordarnos la ausencia de luz.

Tienen una definición por negación, nada más acertado para este momento.

Quiero luz.

Tu eres

31 agosto, 2010

Yo soy el que llena tus micros, el que llena tus vagones de metro y el que repleta las filas de tus bancos. Yo soy el que sostiene su maletín día a día con mis ojos fundidos en la perdición. Yo soy el que ocupa la luz que falta, el que derrocha el agua, el que come mierda, y no se detiene en los amarillos.

Soy de la especie de los fracasados. Nacidos y criados para fracasar. Soy de los amargados, de los mismos que no tienen ambiciones porque jamás pensaron en volar.

Yo soy el que llena tus hospitales, que te atiende vía teléfono, el que viste el mismo terno día a día. El que saca la vuelta en el baño, el mismo estúpido que es esclavo de su trabajo, que envidia a su jefe y tiene un sueldo mediocre.

Soy el que no sueña, el que no siente, el que la señora se lo caga, el que sus hijos le valen mierda, el que no eligió venir.

Yo soy muchos, millones. Sólo mira a tu alrededor.

Confianza

3 julio, 2010

– Hola ¿me puede guardar un secreto?

-No.

– Bueno, no importa:  “hace dos años…”

Efe 5

2 julio, 2010

Esperando por un mail que jamás llegaría, me quedé toda la noche apretando F5.

Este cuento lo escribi para Santiago en 100 Palabras, obviamente no ganaré, pero igual, nunca se sabe, aparte es contingente:

¡Ah Don Tefo! Ese viejo simpático que pasaba día y noche sapeando lo que pasaba en el edificio. Dicen que siempre quiso ser conserje, bueno, no tenía por donde más, con lo sapo que era. Lo único malo de él era su potente tufo. ¡Hediondo como él solo! Bueno, si de ahí viene su apodo. Siempre recordaré el día que se engrupió a los del gas para que le pusieran sello verde al edificio.

Una pena que le tocara turno de noche esta semana.

Don Tefo, lo queremos mucho. Ojala que esté bien allá arriba.

-27 de Febrero 2010