La línea de la vida

4 diciembre, 2010

 

Nacer, crecer, estudiar, trabajar, retirarse, morir.

Esa es la línea de la vida en que todos fuimos inmersos, y cuando digo todos, sí, somos todos, ya que si estás leyendo esto, es porque recibiste al menos, una enseñanza básica.

¿Por qué tiene que ser asi esto? Ultimamente me ha rondado demasiado la cabeza la idea en que uno definitivamente no disfruta de su retiro plenamente, porque obviamente las capacidad y espíritu de un joven es distinto al de un anciano que se le notan sus años.

Siempre me he imaginado que lo más sano en la vida sería tener un periodo de libertad y libertinaje cuando jovenes, y luego, de adulto morir trabajando.

Morir sabiendo que hiciste todo lo que tu espiritu y locura de juventud te permitió, y que cada día de esos, fueron los mejores de tu larga vida ya.

Sinceramente yo pediria un crédito gigantesco y haria todas las cosas que me encantaría hacer, pero que no puedo, por el factor económico.

Si visitara todos los lugares y cumpliera todos mis sueños a esta edad, prometo que moriré feliz.

Debe ser la exaltación de mi espíritu joven que me pide y urge por aventura, por desacato, por locura. No quiero que nunca se apague, pero si alguna vez se llegara a apagar esta llama, me encantaría saber y decir, que dió la mejor luz que el mundo haya visto.

Hay que aprovechar la locura y el ímpetu de la juventud, no desecharla por ser muy liberal o alocada. A este mundo, le falta locura, le falta ese espíritu – o defecto – llamada “adolescencia”

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