El Guatón Marambio

17 mayo, 2010

Este texto lo escribí para un concurso literario en INACAP. No saqué lugar ni nada (siempre ganan los de Santiago) asi que decidí liberarlo a ver si alguien le gusta (ojalá más que al jurado del concurso ¬¬).
En el momento que lo escribí me gustó mucho y no lo he vuelto a leer desde el momento que lo presenté. Quizás ahora cambie de opinión, pero en su tiempo me reí mucho escribiendo e imaginando la historia. Disfrutenlo.

El guatón Marambio, la envidia del lugar y de toda la liguilla de la población Los Perales. Nadie era capaz de pararlo cuando corría. Tenía ese pique corto que te dejaba sin aire, y cuando agarraba vuelo era capaz de botar una vaca con sólo mirarla.

Cuenta la historia que el único partido que jugó mal fue precisamente la final del 67’ (único trofeo de nuestro club) esa cuando se perdió el gol del 3-2 a boca de jarro.

“Esos goles feos yo no los hago” decía siempre cuando la gente le recordaba el rebote del arquero del Deportivo Buenos Amigos (el gran Manotas González…QEPD) y su posterior desentendimiento de la jugada. “Nunca quise meterla” Se sigue defendiendo mientras las botellas de cerveza casi no dejan espacio a la cadena de dominós. “Al final igual sacamos el partido adelante” claro que la gran figura fue el Conejo Rodríguez, el que salvó los 2 penales del alargue y se dio el lujo de meter el que diera el primer trofeo al Club Santa Rosa de las Viudas. Esa noche de Noviembre nadie la  olvida, ni siquiera las 25 primaveras que nos remontan al denominado “día del Conejo”.

“¿Sabias que mi primo era mejor que yo?” me confiesa el Marambio mientras no le saca la vista a su Ave-Mayo. “No, nunca había escuchado de él” le respondo con cara de incredulidad “Si, siempre nos comparaban… él era El Guata Marambio… a mi me dio solo pa’ Guatón” Mientras soltaba una carcajada que escuchaban hasta en el peladero del fondo. “¿Y que le pasó al Guata que no siguió jugando?” le pregunté de inmediato. “Una uruguaya mijo… ¡si las mujeres las carga el diablo!” Una risotada gigantesca se escucha, menos de la Anita, que mira con cara de perro al Guatón.

Llega mi pernil mientras los viejos siguen jugando dominó sin ninguna otra preocupación. Les gustan los juegos a estos tipos, desde siempre… que el cacho, la brisca, la rayuela, poto sucio, y un grueso etcétera. Debe ser un asunto de genes supongo.

A mis cortos 19 años no puedo dejar de pensar como eran las cosas por aquellos años. De momento, al ver a aquellos viejos compartiendo felices en la Sanguchería, no es tan difícil recrear todos los encuentros que se realizaron en el potrero. Desde los que el Marambio fue genio y figura “pasándose hasta el árbitro” como me contaban con orgullo el resto de sus compañeros, hasta los primeros pasos que dí en una cancha de futbol.

Ese terreno ha sido testigo de muchas cosas, tantas que sería ridículo contarlas todas, pero como prueba de ello nombro las que la Anita siempre cuenta: El Moncho con la Patty: pololos de toda la vida que hicieron hasta casorio en el terreno, quienes cuentan que estuvieron dicen que ha sido la fiesta más grande del barrio, donde, paradójicamente ha sido el matrimonio que menos ha durado… el Moncho tenía amante, apareció en el tercer día de fiesta y ya verán como terminó todo.

Felipe Tres Cuartos: un cortadito que por culpa de los vicios de la vida terminó tirado en las vías del tren que pasan por el fondo del potrero… le pasó tanto la cuenta el pipeño que no pudo levantarse antes del paso del tren de la mina. Sólo se escuchó el grito.

El Billy-Billy: un vago que vende brocoli que él mismo planta en el terreno, inspirado en las técnicas de los guerrilleros Vietnamitas que vio en una de las primeras películas que llegaron por acá “Apocalypse Now”; si hasta la misma viejita Ana tenía su historia ahí: “Cuando vi a un chico, negro y feo corriendo como camión simplemente me enamoré, ¡tenía que conocerlo! me dejó simplemente loca” y esa locura duró por años y años, hasta formar lo que somos hoy, el extenso clan Marambio Pérez, del cual orgulloso llevo su nombre por el mundo.

En cada entrevista que doy, siempre dejo claro que mi tata fue el mejor delantero que yo haya visto. Cada vez que anoto se lo dedico a mi gordo. Me enloquecen los días sin saber de él. Me pregunto cómo estará su gota, o su pobre rodilla izquierda que tiene hecha trizas.

Mi tata me enseñó todo lo que sé, y mis raíces vienen desde aquí. “Nunca olvides tus raíces…hasta el árbol más grande tiene raíces” me decía por teléfono cada vez antes de saltar al pasto del Bernabéu.

Este peladero es nuestra identidad, en este potrero tiré mis raíces. Aunque mi copa esté en España, mis raíces siguen estando acá, en Los Perales, junto a mi querido Guatón Marambio.

One Response to “El Guatón Marambio”

  1. wton Says:

    Pucha, ahora que lo releo, está bien penca en cuanto a redacción, siempre me pasa eso, tengo que leerlos como 3-4 veces luego de escribir la versión “final”.


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